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¿Hasta cuándo?

16/01/2012

Pascual Serrano/Mundo Obrero

El tiempo y las dificultades van produciendo bajas y supervivientes, fracasados y triunfadores. ¿Cómo se decide quién pertenecerá a cada grupo? Darwin estableció que en la naturaleza sobrevivían los más fuertes. Pero esos fuertes no necesariamente son los más honorables, más generosos y más solidarios. Quizás eso no deba preocuparnos si se trata de gacelas, insectos o granos de trigo, pero sí si la cuestión es sobre personas. Pero entre los seres humanos, debido a nuestro entorno social, el éxito y la supervivencia no depende de las condiciones físicas: un niño senegalés saludable tiene menos esperanza de vida que un niño estadounidense blanco diabético. Por otro lado, los comportamientos, las motivaciones y las prioridades que cada individuo aplique a lo largo de su vida, definirán, en parte, su éxito y su supervivencia. La siguiente pregunta es ¿terminan teniendo más éxito los solidarios, los generosos, en una palabra, las buenas personas o, por el contrario, son los ambiciosos, egoístas, los sin escrúpulos, los que terminan medrando y sobreviviendo en mejores circunstancias? En su obra Los hundidos y los salvados, Primo Levi se angustiaba pensando en quiénes habían sobrevivido a los campos de concentración nazis y quiénes habían perdido la vida. “Los ‘salvados’ de Auschwitz no eran los mejores, los predestinados al bien, los portadores de un mensaje; cuanto yo había visto y vivido me demostraba precisamente lo contrario. Preferentemente sobrevivían los peores, los egoístas, los violentos, los insensibles, los colaboradores de ‘la zona gris’, los espías”. Termina diciendo: “Sobrevivían los peores, es decir, los más aptos; los mejores han muerto todos”. Esa era la tragedia que Primo Levi no pudo soportar: que, en aquel entorno social, los “aptos” eran los peores.

¿Y hoy, en el siglo XXI, fuera de un campo de concentración? Vale la pena que pensemos quiénes son los “aptos”. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que ‘la naturaleza’ recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles. Como si fuera ‘la naturaleza’ la que decidiera quién morirá en un bombardeo de la OTAN, quién logrará millones de beneficios en la subasta de bonos de deuda pública europea, quién morirá por no disponer de medicinas para una diarrea y quién será desahuciado por no pagar la hipoteca de su vivienda. Dice Eduardo Galeano en Patas arriba. La escuela del mundo al revés que “la aptitud más útil para abrirse paso y sobrevivir, el killing instinct, el instinto asesino, es virtud humana cuando sirve para que las empresas grandes hagan la digestión de las empresas chicas y para que los países fuertes devoren a a los países débiles […]. Son dignos de impunidad y felicitación quienes matan la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menos costo”. Por eso la prensa mundial se refería a Steve Jobs como “ejemplar”, “extraordinario”, “inspirador”, “magnífico” o “un hombre que quiso dar amor en su dedicación a satisfacer a las masas”, “pionero”, digno de “admiración”, “respeto” y “agradecimiento”, “fuente de inspiración para los emprendedores españoles”, “un gran creador de puestos de trabajo”, mientras su fortuna de 8.500 millones de dólares, como recuerda Vicenç Navarro, se basó en la explotación de otros seres humanos (Público, 15-12-2011).

Mientras tanto, pensemos en el futuro que el capitalismo reserva al solidario, al que dedica su tiempo y talento a mejorar al mundo, a quien reniega de la obsesión por el dinero y el lucro para pensar en los seres humanos y en la justicia. Este es el mundo que el capitalismo nos ha creado: un campo de concentración como el de Primo Levi.

www.pascualserrano.net

“La psicología moderna tiene una palabra que probablemente se usa más que ninguna otra palabra en psicología. Es la palabra inadaptado. Ahora, deberíamos buscar vivir una vida bien adaptada para evitar personalidades neuróticas y esquizofrénicas. Pero hay algunas cosas dentro de nuestro órden social y nuestro mundo para las que estoy orgulloso de ser un inadaptado, y para la que os llamo en buena voluntad para que seais inadaptados. Nunca he tenido la intención de adaptarme al segregacionismo racial y la discriminación. Nunca he tenido la intención de adaptarme a la intolerancia religiosa. Nunca he intentado adaptarme a las condiciones económicas que crean necesidades para dar la riqueza a unos pocos, con millones de hijos de dios ahogándose en la pobreza. Nunca he intentado ajustarme al control del gobierno por un grupo violento. Nunca he intentado adaptarme a los efectos trágicos de la violencia física y el militarismo. Os llamo para que seais inadaptados para estas cosas” — Martin Luther King

 

 

 

Absolución impopular

 

Fernando Escobar.- El pasado jueves 6, un tribunal popular compuesto por nueve personas (que en todo momento quisieron dejar patente su anonimato) absolvió a Mikel Otegi, el joven abertzale que asesinó hace año y medio a dos ertzainas. La decisión ha provocado un auténtico revuelo en el País Vasco y en sectores políticos y judiciales. Sin duda se vuelve a plantear la utilidad del Jurado Popular y más en el País Vasco, donde el ambiente de terror es patente cuando hay este tipo de juicios. Mucha gente se pregunta si el veredicto dado es el que verdaderamente sentían cada uno de los miembros, o bien estaban sujetos a algún tipo de presión. En la sentencia dada, cinco de los nueve de sus miembros pensaban que Mikel Otegi no era dueño de sus actos. Por otra parte, Jaime Mayor Oreja manifestó que “el Gobierno y la fiscalia adoptarán medidas para que esto no se vuelva a repetir”. (6-3-1997)

 

Lucía Méndez, El Mundo (26-1-2012):

 

El jurado ha absuelto a Francisco Camps de la misma manera que le absolvieron los votantes dándole la mayoría absoluta en las elecciones autonómicas. Camps se ha bañado en el Jordán de la justicia de sus conciudadanos, donde han sido perdonados sus pecados. Los valencianos que le han juzgado creen en la palabra de Camps como él cree en la palabra de Dios.

 

Iba a escribir palabras. Palabras que hablasen de los aprendices de Goebbels, de esta sociedad muerta, inanimada, dividida, asustada, la gran estafa continua, a plena luz del día, tocan a arrebato las campanas de los serviles lacayos, difunden sin pausa y sin tregua la buena nueva, aventajados discípulos de la neo-religión.

Dos años más de recesión, dos años más de excusas para la poda, dos años más de jubilaciones Santanderinas, dos años más de bonus extraordinarios, dos años más de silencios cómplices, leyes que amparan y protegen.

No hay ningún misterio extraordinario, ninguna ciencia esotérica, solo complejidades interesadas, dóciles al negocio, mientras expanden su veneno, la multiplicación de los panes y los peces, para unos pocos, banquete de muerte, con la debida liturgia, de los poderosos creyentes del crecimiento continuo.

Miradas de soslayo, para otra parte, para no ver, para no sentir, para no entender, para no reconocer, una verdad tan simple, orden criminal del mundo , mientras se desangran, con la boca vacía, y la carne reseca, millones son sacrificados, en nombre del único dios, el altar ahíto de sangre, la tierra quemada.

Lágrimas de muerte, de mundo finito.